miércoles, 20 de febrero de 2013

Coatzacoalcos, sin alcalde


INFORME ROJO
 * La licencia de Theurel  * Echado de la alcaldía  * Pulgoso Lagunes y sus chicas  * Cámara oculta en el privado del regidor * Aguilar Avendaño: de traiciones y playmates  * Brian Carlos, denunciado por privación ilegal de la libertad con fines de extorsión  * José Luis Sáenz para Minatitlán  * García Alonso, Benito Argüelles, Víctor Rodríguez y Gonzalo, en lo oscurito
 MUSSIO CARDENAS ARELLANO
19 de febrero de 2013
 Tácitamente, en los hechos, Marco César Theurel Cotero dejó de ser el ácido alcalde de Coatzacoalcos desde diciembre, cuando perdió el control del cabildo, fue denunciado por una mayoría de ediles por violaciones administrativas y amenazas de muerte, se aisló políticamente, rompió con todos, grilló al gobernador Javier Duarte de Ochoa y como epílogo de sus locuras, quiso ser el dedo elector del PRI.
Su licencia al cargo de alcalde es, de acuerdo con el ritual del poder, cuestión de días y uno de los episodios más denigrantes en la corta vida política del Theurel —“Te rompo tu puta madre”— porque a fin de cuentas no se va sino que lo echan de la presidencia municipal.
Exigida, no pedida, su separación de la presidencia municipal llegó por los excesos, las corruptelas, su uña larga, los trinquetes de su pandilla oficial y ese afán de querer ser el padrino de la sucesión, simulando un talento que la naturaleza le negó, falto de chispa, la neurona fundida.
Theurel era un estorbo para el PRI y su regateo por las candidaturas, el afán de incrustar a su esposa Guadalupe Félix, alias Lu-pilla, ya fuera para alcaldesa-tapadera o para diputada inútil, desencadenó la debacle. Desde hacía meses, en cuanto concluyó la elección federal y entregó malas cuentas, la derrota de Enrique Peña Nieto en el distrito de Coatzacoalcos, se le pidió la licencia. Obvio, dijo que no. Y así continuó hasta que no pudo más.
Entre 9 y 10 de la mañana del viernes 15 de febrero, fue obligado a acatar. Comunicaría su separación de la alcaldía al Congreso y a los ediles priístas, que son mayoría. Le fue deslizado un argumento letal: las denuncias de diez regidores por desvío de recursos y violaciones a la Ley Orgánica del Municipio Libre, estaban en curso.
A eso de las 2 de la tarde, recurrió a un aliado de palacio: el secretario de Gobierno, Gerardo Buganza Salmerón. Pidió ayuda para neutralizar cualquier acción legal. “Nada puedo hacer”, diría el ex panista. Le sugirió hablar con el gobernador Duarte, al concluir la comida en honor del ex líder del PRI y ex subsecretario de Gobierno, Carlos Brito Gómez.
A esa cita acudió con ánimo de recomponer su desastre. No vio en la comilona a Marcelo Montiel Montiel, su ex padrino y ahora acérrimo enemigo; tampoco al diputado Joaquín Caballero Rosiñol, a quien tanto denostó para bloquearle el camino a la alcaldía de Coatzacoalcos, instruidos para evitar un encuentro con Theurel.
Concluido el festejo, al retirarse el gobernador de Veracruz, fue instado a acompañarlo. Sintió ahí el gélido sabor de la derrota, el significado de verse entre la espada y la pared, su escenario sombrío y las denuncias camino a los tribunales. Dijo que sí, pero pidió tiempo. Que no antes del Carnaval de Coatzacoalcos. El gobernador concedió.
Retorcido también ahí, Marcos Theurel —“Te rompo tu puta madre”— sintió el placer de engañar al gobernador Duarte. Su única intención era ganar tiempo, expedir cheques, saldar supuestos adeudos, liberar millones en obras que realizan sus constructoras y proveedoras, entre ellas las del director de Adquisiciones Municipal, Brian Carlos López Mendoza, y las que habrían comprometido el diezmo.

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