El fortalecimiento
de nuestra democracia requiere del constante perfeccionamiento de las
instituciones y los poderes. Se trata de hacerlos cada vez más funcionales y
cada vez más útiles a los ciudadanos.
Es
un honor que hoy, en presencia de todos ustedes, promulgue yo el Decreto por el
cual se reforman y adicionan diversas disposiciones en materia política de la
Constitución General de la República.
Con
ello concretamos una nueva reforma política y avanzamos en la construcción de
un marco legislativo con mayor capacidad para el sostenimiento de la democracia
y la viabilidad de la Nación.
Sin
duda, uno de los principales desafíos políticos de México es cerrar la brecha
que separa a la voluntad de los ciudadanos con las decisiones de los
gobernantes. Se trata de cerrar la brecha entre representantes populares y sus
representados.
Hoy,
más que nunca, es imperativo traducir nuestra democracia electoral, vibrante y
plural, en instituciones más sólidas, más eficaces, que rindan mejores cuentas
y que faciliten la construcción de los acuerdos que el país necesita.
Tal
y como lo propuse al país desde hace casi seis años, se trata de pasar del
sufragio efectivo, de votos que cuentan y se cuentan, a la democracia efectiva,
aquella que le da sentido a la vida cotidiana de los ciudadanos.
Celebro que la presente reforma se inscriba, precisamente, en este esfuerzo
colectivo de perfeccionamiento de nuestro régimen democrático. Ello nos pone en
el camino correcto para fortalecer las instituciones y para darle a la
ciudadanía una mayor injerencia en la vida pública de México, que es, a fin de
cuentas, la ciudadanía, la destinataria final de la acción política.
Como
Titular del Poder Ejecutivo Federal, me es muy satisfactorio constatar que
varios de los avances plasmados en este Decreto de Reformas a la Constitución
Política hayan sido retomados de la Iniciativa de Reforma Política que presenté
al Congreso de la Unión el 15 de diciembre del año 2009.
A
partir de la experiencia del ejercicio de Gobierno y de planteamientos hechos
por diversos sectores de la sociedad, propuse al Poder Legislativo cambios
sustantivos para asegurar una representación política más cercana a los
intereses, preocupaciones y demandas de la gente.
Para
lograr que nuestro sistema político se convirtiera en un espacio más eficaz
para procesar los conflictos y para que la pluralidad política deje de ser
sinónimo de parálisis y desencuentro, y se transforme en un instrumento de
cambio al servicio de la sociedad.
En
suma. Se trataba de una reforma profunda e integral que buscaba transitar,
precisamente, y como lo he señalado, del sufragio efectivo a la democracia
efectiva.
Reconozco la voluntad de las y de los Legisladores, de los integrantes de la
Cámara de Diputados y del Senado de la República para abrir el debate sobre
estos temas fundamentales para la vida democrática de los mexicanos.
Valoro su disposición para analizar las propuestas, presentar propias,
modificar, discutir, aprobar, revisar este proceso de reforma, que fue largo,
sí, intenso, como lo merece, y que, finalmente, hoy termina a partir de la
promulgación, conforme a nuestro proceso constitucional.
El Poder Legislativo ha asumido el papel que le corresponde en la
transformación política de México y ese es, el resultado que hoy presentamos a
la sociedad, es producto de este esfuerzo.
Como
toda Reforma Constitucional, insisto, su proceso aprobatorio fue largo, fue
complejo, a su visto bueno en las dos Cámaras del Congreso de la Unión, con
diferencias, desde luego, entre las minutas de una y otra.
Finalmente, lo que las Cámaras del Congreso de la Unión aprueban y consensan,
aprueban ambas, le siguió una ronda de aprobación en la mayoría de las
legislaturas locales.
Finalmente, el pasado 18 de julio, la Comisión Permanente del Congreso hizo la
Declaratoria de Reforma Constitucional y la remitió al Ejecutivo para su
publicación.
Este
Decreto de reformas contiene cambios importantes que fortalecen instituciones y
permiten un avance democrático para el país.
Quiero referirme a algunas de ellas:
Primero. Se da un mayor poder a los ciudadanos. Con esta reforma, se otorga a
la ciudadanía el derecho de presentar las iniciativas de ley que considere
pertinentes para definir el rumbo del país.
Antes de esta reforma, desde hace más de un siglo, la prerrogativa de proponer
leyes era facultad exclusiva de los Poderes Ejecutivo y Legislativo, lo que
dejaba fuera a muchas mexicanas y a muchos mexicanos con propuestas que merecen
ser analizadas, ser escuchadas, ser discutidas, incluso, aprobadas.
Me
congratulo que este acuerdo, precisamente, sea uno de los que acercan,
precisamente, a la ciudadanía a la representación.
Hay
que advertir que corresponderá, ahora, al propio Congreso de la Unión, a los
Congresos Locales y a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, establecer
los términos y los requisitos para que el ciudadano pueda hacer un pleno
ejercicio de este derecho.
También, por primera vez en la historia del país, y éste es un segundo aspecto
muy importante, cualquier mexicana o cualquier mexicano podrá postularse de
manera independiente a cargos de elección popular.
Eso
es un avance muy importante, qué duda cabe, y que requiere, todavía,
perfeccionarse. Por ejemplo, todavía queda pendiente una adecuada legislación
reglamentaria que interprete debidamente la compatibilidad de este avance con
lo dispuesto en el Artículo 116 Constitucional, donde aún se establece el
derecho exclusivo de los partidos políticos para postular candidatos a cargos
de elección locales.
Tercero. Se fortalece la democracia directa, al elevar, nuevamente, recordemos
que ya estuvo alguna vez presente en el Cuerpo Constitucional, la consulta popular
a rango constitucional, se abre la puerta a los ciudadanos para expresar su
opinión sobre los grandes temas nacionales.
Los
resultados de esta consulta pueden derivar en mandatos concretos para los
Poderes Ejecutivo y Legislativo, así como para otras autoridades competentes.
Con
ello se ensanchan las vías para la participación activa de la sociedad en los
asuntos públicos.
Y, simplemente, recuerdo que para el ejercicio cabal de este derecho se
requerirá la participación activa del Congreso, de la Suprema Corte de Justicia
de la Nación y del Instituto Federal Electoral.
Cuarto. Una reforma medular, dentro de las que hoy se promulgan, consiste en la
llamada Iniciativa de Trámite Preferente, que probablemente configurará el
principal instrumento republicano para evitar la indebida parálisis
legislativa.
Conforme a este cambio, el Ejecutivo Federal podrá presentar al inicio de cada
periodo ordinario de sesiones dos nuevas iniciativas o hasta dos iniciativas
pendientes de dictamen, que considere urgentes; éstas serán discutidas y
votadas en un plazo máximo de 30 días naturales.
Me
alegra que este acuerdo recoja la esencia de una medida planteada de manera
esencial en la Iniciativa de Reforma que presentásemos, a fin de agilizar la
respuesta del Congreso a las prioridades de la agenda nacional.
Cabe
señalar que conforme a este texto, las reformas constitucionales mismas en
ningún caso tendrán carácter de preferente. Estamos hablando de reformas de
leyes ordinarias.
La
Iniciativa Presidencial de Trámite Preferente, aparte de agilizar las
decisiones legislativas, que es una de las demandas ciudadanas más sentidas,
también permite asignar debidamente responsabilidad política a los
representantes.
Es
decir, el ciudadano merece una respuesta a los temas nacionales, y el hecho de
facilitar y el propiciar en un tiempo determinado, 30 días, la votación sobre
un asunto prioritario, permite asignar, precisamente, esa responsabilidad
en términos públicos.
Asignar la responsabilidad de un Sí, y de un No; asignar el beneficio político
para quien hace lo debido, y asignar el costo político para quien hace lo
indebido.
Siempre para el ciudadano será mejor un Sí claro o un No claro de las fuerzas
políticas que un Quién sabe permanente, que no permite, precisamente, la
interacción y la responsabilidad, insisto, entre la representación pública y la
ciudadanía.
Quinto. Se amplía la fecha para concluir la revisión de la Cuenta Pública. La
Cámara de Diputados concluirá la revisión de la Cuenta Pública a más tardar el
31 de octubre, no el 30 de septiembre, del año siguiente de su presentación.
Esto
permitirá que los Legisladores puedan analizar con mayor cuidado y con mayor
precisión los datos de la Administración Pública Federal, lo cual, desde luego,
fortalecerá la transparencia y la rendición de cuentas.
Sexto. Se le da mayor estabilidad y certidumbre a la propia institución
Presidencial. Con esta reforma, en caso de falta absoluta del Presidente de la
República, por mandato constitucional el Secretario de Gobernación se encargará
provisionalmente del despacho de los asuntos del Primer Mandatario de la
Nación. Así, hasta en tanto el Congreso no nombre un Presidente interino o
sustituto, quedará cubierta la titularidad del Ejecutivo Federal y se evitará
cualquier vacío de poder.
Este
tema, amigas y amigos, era un verdadero tabú. Un verdadero tabú, porque
efectivamente, ante el difícil escenario que para cualquier país representa la
falta absoluta Titular del Ejecutivo, del Jefe del Estado, del Jefe de
Gobierno, la espera de la discusión legislativa para poder elegir un Presidente
interino, con las mayorías, además, que requiere la Constitución hubiera
significado un impasse, de presentarse tal circunstancia, terriblemente costoso
para el país.
Hace
mucho, ciertamente, que no se presenta en México, pero hay que decir que había
una reticencia natural, porque se asumía, no sé si con razón, muy
probablemente, que cada Presidente en turno fuera renuente a abordar, aún y así
sea hipotéticamente su propia ausencia y su propia falta absoluta.
Nosotros dejamos a un lado tal renuencia. Creemos que es un tema constitucional
de primer orden que, precisamente, llena un vacío que debía ser, precisamente,
legislado a nivel constitucional.
Hoy,
se regula con esta reforma y se deja siempre una conducción constitucional en
el país, ante la falta absoluta, hipotéticamente, del Presidente de la
República.
Séptimo. Se prevén mecanismos alternos para la rendición de protesta del
Presidente Electo. Frente a cualquier circunstancia que dificulte la Toma de
Protesta del Presidente Electo en los términos de la Constitución, ésta podrá
realizarse ante las mesas directivas de las Cámaras del Congreso.
Y si
aún así fuese imposible hacerlo, se rendirá protesta ante el Presidente de la
Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Se
requiere, precisamente, evitar que circunstancias de facto, de intereses o de
fuerza impidan o rompan el orden constitucional, como se pretendiera hacer en
alguna ocasión en el país.
En
síntesis. Esta reforma representa un paso importante en la certidumbre
constitucional de las instituciones públicas.
Octavo. La ratificación de los integrantes de los órganos reguladores en
materia económica por parte del Senado.
Con
esta ratificación se fortalece la responsabilidad compartida del Poder
Ejecutivo y del Poder Legislativo para la búsqueda de políticas de Estado en
materias que son del interés público y de todos: en materia de energía, en
materia de competencia económica y en materia de telecomunicaciones.
Se
genera un mecanismo que le da un mayor poder autónomo a los órganos
reguladores, que permite, precisamente, que el arbitraje sobre cuestiones
fundamentales del país, insisto: energía, competencia económica y
telecomunicaciones, quede a salvo o quede más allá de las coyunturas políticas
y de la propia dinámica de las administraciones y de las legislaturas.
Esta
ratificación perfecciona el equilibrio de poderes, entre el Legislativo y
Ejecutivo, y acerca, eso es lo que se pretende, que las decisiones de los
órganos reguladores tengan un mucho mayor peso, autónomo, y se hagan,
precisamente, en beneficio del país.
En
conclusión, amigas y amigos, esta reforma política que hoy promulgo en uso de
los atributos constitucionales del Presidente de la República, representa un
paso importante en la evolución del régimen democrático, participativo y plural
que los mexicanos nos hemos dado.
Pero, también, estoy convencido, desde luego, que falta mucho por hacer. Hemos
aprendido, durante todos estos años, incluso, afirmaría, durante estas décadas,
que el perfeccionamiento de las instituciones democráticas es un ejercicio
siempre inacabado. Siempre es posible encontrar los instrumentos que permitan
acercar la voluntad ciudadana a la representación
ciudadana.
Queda pendiente, a mi juicio, como ya se ha señalado, el tema de la elección
consecutiva de Legisladores Federales, aprobada en el Senado de la República y
no en la Cámara de Diputados. Ello sería clave para la profesionalización y la
especialización de quienes tienen la responsabilidad, precisamente,
legislativa.
Es
el mismo caso en la falta de la elección consecutiva de alcaldes, integrantes
de los ayuntamientos o Jefes Delegacionales, esencial para mejorar la gestión
de gobierno desde el nivel local. El ciudadano debe tener el poder de ratificar
o remover, con su propio voto, precisamente, a quien está más cercano a
sus problemas cotidianos de basura, de seguridad, de servicios públicos en
general.
La
elección consecutiva, tanto de Legisladores como de alcaldes, también, es
fundamental para la rendición de cuentas ante la sociedad, ya que los
ciudadanos, a través de su voto, podrían premiar o castigar el desempeño de un
servidor público en el cargo para el cual lo ha electo.
Otra
propuesta fundamental que en el futuro, estoy cierto, habrá de abordarse, es la
revisión del número de integrantes, tanto de la Cámara de Diputados como del
Senado. Se trata, es propósito común, de darle mayor eficacia al trabajo del
Legislativo y acatar el reclamo de los ciudadanos de un uso republicano de los
recursos
públicos.
Otra
asignatura, a mi juicio, pendiente de revisión, es abrir las puertas al Poder
Judicial para que pueda presentar iniciativas de ley, en el ámbito de su
competencia, lo que es clave para fortalecer su autonomía y equilibrar los
pesos y contrapesos del sistema político mexicano.
Más
aún, ahora que se discuten, por ejemplo, legislaciones tan importantes para el
país, como la Reforma a la Ley de Amparo y otras, se requiere, precisamente, la
capacidad de propuesta de quienes son encargados de aplicarla, para que ese
conocimiento esté, precisamente, presente en los análisis del Congreso.
Y
otras más, quizá, que sostengo más a título personal, de convicción política.
En un sistema de partidos tan rico, tan plural, tan diverso, como es el
mexicano, donde hay no sólo dos, como en el sistema americano o inglés, sino
varias fuerzas políticas, capaces de asumir, por sí mismas, representaciones de
mayoría relativa, me parece fundamental que en México se examine la segunda
vuelta electoral, presidencial y, probablemente, segunda vuelta electoral
legislativa, como un mecanismo de ir asignando, precisamente, preferencias de
manera adecuada entre los ciudadanos; que el ciudadano pueda tener una decisión
preferente en una primera votación y otra decisión preferente respecto de
quienes se perfilan con mayores posibilidades de representarlo.
Me
queda claro que esta reforma que hoy promulgo es un gran avance para la vida
democrática del país. Pero quedan muchos temas, también, sobre los cuales no
sólo podemos tener, sino, de hecho, hemos tenido divergencias, pero siempre el
debate público, abierto y responsable, será enriquecedor de la vida nacional.
La
próxima Legislatura del Congreso de la Unión, estoy seguro, retomará la agenda
de reforma política que todos los partidos políticos del país impulsan, y
permitirá profundizar en los cambios que nos lleven al régimen moderno y eficaz
que una ciudadanía propositiva y participativa, como la mexicana, merece tener.
Señoras y señores:
La
construcción de un México mejor es un proceso permanente que requiere de
voluntad, de imaginación y de ideas.
Es
cierto, hoy tenemos una democracia en la que todos podemos expresarnos,
participar, opinar, votar con libertad; sin embargo, tenemos que hacer más,
mucho más, para que la voluntad ciudadana esté debidamente representada en las
decisiones políticas y para que la democracia resulte cada vez más útil y
eficaz para la gente.
Como
convencido de la democracia, también estoy convencido de que ella, la
democracia, se construye día con día, como la hemos construido los mexicanos,
con paciencia y durante más de un siglo, sin disparar un solo tiro.
A
veces con pasos agigantados, a veces con pasos pequeños, pero lo importante es
que sea siempre con la participación libre y responsable de los ciudadanos y de
los actores políticos.
Por
ello, celebro que este día hayamos avanzado en el esfuerzo colectivo por elevar
la calidad de nuestra vida democrática.
Y
hago un respetuoso llamado a los partidos, a las y a los Legisladores, a los
gobiernos y a la ciudadanía para seguir profundizando los cambios que necesita
nuestro sistema político.
Continuemos estrechando la vinculación democrática entre la sociedad y sus
autoridades, entre los tres poderes públicos, entre los distintos órdenes de
Gobierno, porque sólo así la política será lo que debe ser, un instrumento que
concrete y traduzca en bienes públicos que garanticen justicia, bienestar y
progreso, el voto de los ciudadanos.
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