sábado, 26 de enero de 2013

El Voluntariado contra el hambre y la pobreza


No hay una fuerza más poderosa que la voluntad. La voluntad de un pueblo es la que logra las transformaciones. Esa voluntad solidaria manifiesta en las grandes adversidades, como el terremoto que México padeció en 1985, constituye la principal fortaleza de la nación.
Surge ahora la voluntad solidaria de los mexicanos, que se suma para mitigar el hambre y la pobreza que padecen millones de seres humanos en desgracia por todo el país.
Las organizaciones civiles expresaron al Presidente Enrique Peña Nieto su apoyo a la Cruzada Nacional Contra el Hambre y se sumaron al Voluntariado que todos los días trabaja desinteresadamente en favor de grupos vulnerables y desprotegidos en pobreza extrema. Son miles de personas y organizaciones que de diferentes formas ayudan.
Lo verdaderamente sorprendente, además, es la capacidad de convocatoria del Presidente Peña Nieto. No cabe duda de que su gobierno ha ganado respeto y credibilidad. Enhorabuena sea dicho.
Aceptemos que también hay manipuladores y personas corruptas que explotan el negocio de la pobreza para su beneficio y vivales que piden apoyo para instituciones caritativas inexistentes. Con salir de cualquier ciudad o incluso en la periferia uno se da cuenta de zonas abandonadas con gran pobreza, abandonadas a su destino por las autoridades, muchas veces invadiendo lugares como cañadas o terrenos públicos o privados azuzados por líderes corruptos.
Cerrar los ojos ante los pobres o pordioseros es simplemente deprimente e inaceptable. Como el problema es de grandes dimensiones y no lo van a resolver de inmediato y no van a desaparecer los más desvalidos por arte de magia, hay que atacar ese mal. Un método es aceptar que hay desnutrición en muchas zonas marginadas y, sí, existe el estigma del hambre que se podría equiparar con varios países del cuarto y quinto mundo. Es bueno para todos llamarlo por su nombre, sin ambages.
Según se aprecia la Cruzada contra el hambre tiene el propósito de empezar de manera coordinada, a nivel nacional con estrictos objetivos y controles presupuestales, el largo camino de subir el nivel alimentario de la gente más vulnerable y tratar de que los niños crezcan con mayor potencial para estudiar y aprender, ser saludables y vivir una infancia alegre y mejor. Es una red mínima de bienestar y el programa puede llegar a ser exitoso con la participación de todos.
María Eugenia Ramírez Aguilar
Analista  ramirezaguilarme@gmail.com 26 de enero de 2013.

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