jueves, 22 de agosto de 2013

Árboles de Poza Rica

Jornada Huasteca

Livia Díaz

Poza Rica, Ver.- En el punto en el que comienzan o empiezan las colonias Poza de Cuero, Gaviotas e Independencia hay un gran árbol, que para unos es ceiba, para otros es pochota y según “el abuelo”, que vive a unos metros de allí, por el callejón es jobo.

No tiene cuentos, pero quizá, debido a lo anterior se vuelva uno.

Es un árbol inmenso, que ya estaba allí, cuando los residentes comenzaron a ocupar lo que era un potrero hace 30 años. Al tocarlo, en tu piel se eriza el vello, tus brazos reflejan el paso de su energía, como si tuviera una que te prodiga y sea buena o que te da toques para que te alejes y lo dejes en paz.

Está a la vera de colonias creadas por “el progreso” que nacieron cuando el estado comenzó a patrocinar a los trabajadores, tiempo después de que, los obreros, comenzaron a pensar en que los derechos sindicales por la generación de la riqueza a través del trabajo de su cuerpo y el sudor de su frente, tenía que tener una garantía más satisfactoria y a exigir a los patrones que les ampararan.

En torno a este jobo-pochota-ceiba se asentaron cientos de familias. 

Desde las alturas el inmenso ser parece ser de la estatura del cerro más cercano. 

En su tronco permanecen las huellas del tiempo, bajo su sombra se detienen a descansar las madres de familia cuando van a llevar o a recoger a sus hijos e hijas al kínder.
Desde su perspectiva se ven los tres mangos que quedan en la colonia Independencia, de aquélla leyenda de los ahorcados.

Algunas personas todavía la recuerdan, ocurrió en los años 50, como muchas de presuntas muertes, todavía sin comprobar ni desmentir.

Decían que no había que pasar por allí por los 14 mangos porque amanecían ahorcados. Las abuelas de la colonia todavía lo recuerdan y lo han dicho a las hijas quienes a la vez se lo siguen contando a los nietos.

“Nadie quería pasar por allí. A determinada hora ya no se podía pasar porque amanecían colgados”, contó una vecina mientras descansaba bajo la sombra de lo que para ella es una ceiba. Además dijo que como se sabe en Tabasco, la ceiba no se corta. Si se tiene que construir se planea en otro lugar, porque es el árbol que es la casa de los duendes y si se llegan a cortar vienen por ti, para pedir sus casitas. De plano “si se tiene que construir hay que hacerlo a sus alrededores”, explicó.

Al fondo se ven los mangos
En tanto que para otra que pasó por allí muy atareada con su bolsa de mandado, es necesario saber que el árbol “es una pochota. Es como le llaman aquí” es decir aquí en Poza Rica, y en la colonia, que ya es Gaviotas porque hablábamos del lado de la calle que pertenece a tal. Apenas a un metro es Independencia y rodeando el campo Poza de Cuero. Por cierto a un lado del campo y al costado del kínder está muy crecido el monte y hay demasiada basura.

En fin que la pochota es un buen árbol, si lo fuera porque podría dotar de almohadas a muchas personas. La señora explicó que cuando cae la fruta de ese árbol se aprovecha colectándola y se usa para rellenar almohadas, se trata de una fruta que es muy suave y que “suelta fibras muy suavecitas que parecen un algodón”.

Sobre el árbol no sabe cuentos nadie en la colonia. Pero de los árboles de los ahorcados, que nadamás quedan tres mangos, hay muchas historias que han pasado de unos a otros, sin que se conozca algo más relevante en particular, cuando me lo contaron pensé que derivaba de las leyendas de  la mano negra que ajusticiaba y colgaba a los hombres en los mangos y que data de los años 30, de la post revolución, cuando todavía no estaban calmas las aguas en esta región del país.

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